Follow by Email

domingo, 15 de octubre de 2017

NABO: UN PATO MUERTO POR HABER PREÑADO A UNA REINA


 
 

Esta Entrada es otro capítulo de mi libro inédito titulado Pato Muerto. Y, esta obra, como todas las que he escrito, está llena de verdades que casi a ninguna editorial le convienen o puede publicar.
 
 
 
Mi historia de pato muerto es un hecho inusitado que ocurrió en Francia en el año 1664. El origen del asunto surgió unos años antes cuando el duque de Beaufort, al regresar de un viaje le trajo de regalo a su primo, el rey Luis XIV de Francia, un negrito de una de las tribus africanas de pigmeos. Dichas tribus aún existen, pero, en esa época, aunque en Europa había esclavos negros, la existencia de pigmeos negros era desconocida y, por lo tanto, desde el punto de vista del duque de Beaufort, el joven negrito era una novedad digna de hacer parte de la colección de cosas raras de su primo y rey de Francia.
Cabe aclarar que, desde tiempos remotos, en varios lugares de África existen unas tribus cuyos individuos, en promedio, miden menos de metro y medio de estatura y son denominados como Pigmeos Africanos. Además de ser de baja estatura, los pigmeos suelen ser flacos y desnutridos ya que sólo se alimentan de frutos selváticos y de la cacería sin control de todo lo que les pueda suministrar carne. Pero, por el hecho de ser bajitos y flacos, los integrantes de dichas tribus se salvaron de ser esclavizados; los traficantes de esclavos solo compraban negras y negros fuertes y de estatura alta y por ello las tribus de pigmeos siguieron siendo casi desconocidas.
El negrito estaba bien de salud y para nada molestaba a su amo, quien le daba trato de mascota, pero el rey muy pronto se sintió encartado con su pigmeo y no sabía qué hacer con él. Su majestad, luego de hacer que un cura lo bautizara con el nombre de Nabo, se lo regaló a su esposa, María Teresa de Austria, que era hija del rey de España Felipe IV y doble prima suya, cuya boda se había realizado con bombos y platillos, pero en realidad dicha unión no era mas que un matrimonio endogámico, hecho por conveniencias políticas.
El rey Luis XIV fue uno de los tantos monarcas que no les alcanzaba el amor de una sola mujer, inclusive, se decía que tenía relaciones sexuales con todas las mujeres de su entorno; en este asunto, el tipo era un semental que le daba igual si se trataba de una dama casada o de una mucama sin marido, y, de las mujeres que él se antojaba, nada ni nadie podía impedir que las clavara, pues era considerado como el Rey Sol de la entonces todopoderosa Francia, y ni en esa época ni nunca ha habido justicia para detener esta clase de abusadores, un perpetuo atropello humano que se podría acabar de la forma antes propuesta.
Aunque era un auténtico puya loka, el llamado Rey Sol siempre tenía una amante favorita con la que pasaba sus mejores ratos, pero, por atender a su concubina especial, descuidaba a su esposa que desde su punto de vista era una mujer desabría y poco atractiva. Y según La Historia de un Morito Desproporcionado, un libro escrito por Dina Iris, una dama culta que fue obligada a hacer parte del harén del rey Felipe XIV, la llegada del pigmeo Nabo acabó con el aburrimiento de María Teresa de Austria.
En resumen, dicho libro cuenta que la esposa del rey hizo vestir a Nabo con una ropa que lo convirtió en un gracioso pajecito, y que poco después se convirtió en el único varón que hacía parte del grupo de damas de compañía de su alteza. Y si bien el rey no sabía qué hacer con el negrito, su esposa sí supo divertirse con el ahora pajecito Nabo. El asunto se puso interesante cuando las muchachas del séquito real descubrieron que el miembro sexual del negrito era mucho más grande que el del rey Felipe y, claro está, sin que lo dijeran, todas querían probarlo.
En esa época las mujeres francesas eran sumamente eróticas, se decía que era difícil encontrar una francesa que no fuera arrecha. Y se decía que las españolas eran pésimas en la cama, creencia que enfurecía a la esposa del rey, quien aseguraba que no era menos hembra que ninguna mujer y que se sentía orgullosa de ser española. Pero, según Dina Iris, la esposa del rey quería ver con sus propios ojos cómo eran el manejo y los movimientos de las francesas en la cama, actividad que, traducida al español de mis paisanos, los galos llamaban Culeo.
Las muchachas del séquito real se aterraron del tamaño del miembro sexual de Nabo, cuando lo desnudaron para vestirlo de pajecito. Estando en esa labor, refiriéndose a dicho elemento, una de ellas dijo: Nabo tiene un morito bien grande. Y otra respondió: Parece que es más morito que Nabo; pienso que deberíamos llamarlo Morito. Entonces todas soltaron una carcajada y convinieron que de ahí en adelante el pigmeo se llamaría el Morito Nabo y con ese nombre lo llamaron desde entonces.  
La reina quedó encantada cuando vio a su pigmeo vestido de pajecito. Ella era lánguida pero no era de malas pulgas, incluso, a veces les hacía bromas a algunas de las quince integrantes de su séquito, de las que tres eran consideradas como adultas porque tenían como treinta años y eran las que se encargaban de lo que tenía que ver con el vestir de la reina. Una de éstas se llamaba Helena y aparentaba ser sumamente arrecha; siete eran cantantes o tocaban algún instrumento, y las demás eran sus damas acompañantes; ninguna de estas doce tenía hijo ni pasaba de veinte años, y, sin excepción, con frecuencia todas tenían relaciones sexuales con el rey, y por mucho tiempo su preferida había sido Helena.
Para el rey, las mujeres no eran más que objetos sexuales. Nada de romanticismo, decía que eso era una bobada que hacía perder el tiempo y ni siquiera las saludaba; cuando le daban ganas de culiar, elegía a la que le diera la gana, la llevaba a uno de sus metederos y de una le decía que se desvistiera y que le ayudara a él a quitarse la ropa. Y la que no se portaran bien con él en la cama se arriesgaba a que sus matones las convirtiera en pato muerto; en cambio, las que fingían sentirse bien con su clavada y lo adulaban, por ejemplo, diciéndole que era el hombre más guapo del universo, recibían muchos beneficios después.
Habiéndose ido el Morito a almorzar, las muchachas aprovecharon para contarle a la reina acerca de la sorpresa que habían tenido cuando le vieron el miembro sexual al pigmeo. A la reina le llamó la atención ese asunto, el tema sexual había sido un tabú en su educación y hasta ese día nadie le había hablado de ese asunto. Poco antes había visto una obra de teatro en la que dos damas peleaban por un caballero; según la trama, ninguna de las dos sabía leer, pero, aunque ambas eran hermosas, en lo concerniente al sexo, una apenas sabía abrir las piernas y el tipo dijo que se quedaba con la otra porque culiaba muy rico.
A la reina no le habían enseñado a culiar y de eso lo único que sabía era abrir las piernas. Desde ese momento empezó a pensar en lo instructivo y divertido que sería ver a Helena culiando con el Morito. Analizó el asunto y poco después le ofreció un valioso premio, cuya cantidad, de acuerdo a lo que dijeran las demás chicas acerca de la calidad del polvo, podría triplicarse. Helena aceptó el reto, dijo que el pigmeo tenía un ‘moro’ espectacular y que el único inconveniente era que él no hablaba francés. Pero una de las chicas explicó que “todas las crikas y todos los penes hablan el mismo idioma cuando están culiando.”
Luis XIV solía decir que él además de ser el rey de Francia era el Estado francés. El tipo tenía un reguero de ejércitos matando y haciéndose matar para saquear riquezas y tomar territorios con los que el rey cada día se hacía más rico y más poderoso, mientras el monarca se paseaba entre Paris y Versalles, dándose una gran vida con fiestas, lujos y mujeres hermosas. Y la reina vivía llena de lujos y comodidades, pero aburrida por el encierro y la monotonía de la rutina palaciega; las escapadas de su esposo eran duraderas y frecuentes y sus relaciones sexuales eran pocas.
La reina no intimidaba con las mujeres de su séquito, las reglas de protocolo lo prohibían, pero las cosas cambiaron desde que empezó el lío con el Morito. Ella estaba convencida de que las reglas protocolarias eran las causantes de la ruina de los polvos monárquicos y quería que el evento sexual de Helena con el Morito se realizara sin protocolo y con libertad total. Y quería que el evento mereciera el premio, detalle que les explicó a sus damas, por lo que con gran esmero y entusiasmo se dedicaron de lleno a preparar dicho espectáculo.
Helena explicó que para poder echar un polvo espectacular con el Morito era necesario enseñarle a culear al estilo francés y que, por lo tanto, antes del evento era indispensable culear con él hasta que aprendiera. Sin embargo, la reina dijo que lo conveniente era que echaran solo un polvo antes del evento, porque se corría el riesgo de que el Morito fuera perdiendo el interés en la misma crika, tal como, según ella, ocurría con todos los hombres.
El Morito Nabo era mal estudiante de francés y buen aprendiz de baile y de todo lo que tuviera que ver con diversión. Al tipito le gustaba que lo mimaran y su comportamiento era más de mascota que de esclavo; le gustaba sentarse cerca de Helena o estar a su lado, era perezoso y no se inmutaba cuando lo regañaban. Siempre estaba de buen humor, tenía ojos negros, pelo enredado, dentadura blanca y sana y era bastante bembón.
La reina tenía a su servicio un capellán mayor y un cura novato. Su alteza los manejaba a su antojo, pero no por eso dejaban de ser un encarte, especialmente el veterano con sus largos y alabanciosos sermones. Esas alabanzas le encantaban al rey, pero la reina las detestaba y tenía que oírlas en silencio, pues, por el solo hecho de ser mujer y extranjera, estaba obligada a soportarle a su esposo toda clase de humillaciones discriminatorias y xenofóbicas, asuntos de los que quería desquitarse.
En esos días el rey se fue de pesca y cacería, con un numeroso grupo de invitados y diplomáticos extranjeros, y la reina sabía que a su esposo lo acompañaba una de sus favoritas y que esa aventura iba a durar varios días. Helena eligió una cama grande, abullonada, y con sus dos compañeras la trasladaron al sitio que la reina había elegido para el espectáculo sexual; en esa cama ya había echado el polvo de prueba con el Morito y lo único que faltaba para realizar el evento era la orden de su alteza.
Por instrucciones de la reina, el séquito se había dividido en dos grupos y cada uno debía llevar al evento y apoyar a uno de los dos actores. Sin embargo, por estrategias del séquito, Helena y el Morito no llegaron con su majestad al salón asignado, porque habían sido separados desde mucho antes de iniciar el espectáculo. Dicho lugar había sido acondicionado sólo con lo indispensable para que su majestad viera cómodamente el espectáculo, ya que la reina no quería que hubiera lujos o detalles que pudieran desconcentrar al Morito, aunque, también por voluntad de reina, llevaron toda clase de licores para celebrar el polvo y la entrega del premio.
La reina se sentó, pidió whisky y les dijo a sus acompañantes que tomaran lo que desearan. Se había puesto un vestido de algodón que le había regalado la esposa de un diplomático africano. Le quedó preciso, ella nunca lo había usado porque consideraba que era muy sencillo y que no estaba a la altura de su alcurnia, pero las damas dijeron que ese era el vestido que más le lucía y que con ningún otro traje se veía tan hermosa como con este, que era de un color fucsia brillante.
Tres asistentes de cada uno de los bandos protagonistas le pidieron permiso a su majestad para ir a preparar los últimos detalles y traer a los actores al escenario. La reina les explicó que tenían libertad para preparar a Helena y al Morito de la manera que ellas estimaran conveniente, que si creían que era conveniente darles un poco de licor que se los dieran. Ellas se llevaron dos botellas de madera, una con whisky y la otra con vino, pero ninguno de los dos tomó vino, Helena se tomó varios tragos, pero las asistentes del Morito solo le dieron dos traguitos, ya que él nunca había tomado whisky y era fácil que se emborrachara y no pudiera hacer lo que se esperaba.
En el reservado el tiempo pasaba rápido, mientras al lado las preparadoras se afanaban en los detalles de presentación de los actores, en el salón la reina tomaba whisky y se sentía feliz con su cómodo y hermoso vestido. Helena llegó primero al escenario y fue recibida con aplausos. Traía puesta una bata larga que cerraba con solo dos botones y le dejaba casi a la vista las tetas y la crika; Nabo entró cuando finalizaron los aplausos, traía puesta una bata enteriza que, al contrario de la de Helena, no dejaba nada a la vista. Las damas creían que, por respeto, el miembro sexual de Nabo no debía ser visto por su majestad, pero ella explicó que ambos debían actuar con naturalidad y tan desnudos como habían venido a este mundo, y, en tono suave, le dijo a Helena que quería ver una buena demostración del famoso culeo de las francesas.
Los dos actores se sentaron en la cama y Helena tomó la iniciativa. Sentó a Nabo en sus piernas, le dio un trago y le dijo que le soltara los botones de la bata, el pigmeo obedeció y al soltar los botones quedaron a la vista sus dos enormes tetas. El tipito, forzado por ella, tímidamente empezó a acariciarle las tetas; lo que él quería acariciarle era la crika, pero Helena la tenía tapada con las puntas de la bata. En forma sorpresiva, ella le levantó la bata al pigmeo y dejó a la vista su enorme miembro sexual. Y, cuando las mujeres vieron el desproporcionado miembro del pigmeo, dieron un grito que debió oírse en todo el palacio; todas, incluida la reina, se rieron y aplaudieron cuando Helena besó la cabeza del erecto pene del Morito.
Helena untó crema en el pene del pigmeo y el evento sexual empezó enseguida. El Morito tomó a Helena de los pies, le abrió totalmente las piernas y lentamente le introdujo su enorme miembro sexual; ella empezó a moverse y a chillar y en la medida que aceleraba el culeo aumentaba el volumen y la intensidad de los chillidos. Los numerosos cambios de posición, con el mismo agite y sin que se desclavaran, fue lo que más impresionó a su majestad. Ella trató de dibujar las posiciones mas novedosas, pero cambiaban tan rápido y fueron tantas que optó por memorizarlas. El evento no duró mucho, pero fue espectacular, y a la reina le quedó claro que las francesas como eran de flojas para el trabajo lo eran de ágiles para culiar. Se tomó varios tragos dialogando con las integrantes de su séquito y les dijo que la premiación se haría el día siguiente en ese mismo lugar.
El libro de Dina Iris no dice cuál era el premio. Explica que, el día siguiente, su majestad hizo la reunión y les preguntó de una en una si creían que la actora merecía más del premio y que, con la excepción de dos chicas cantantes, las demás respondieron que con el premio estaba bien. Y desde el punto de vista de las dos cantantes, Helena cambiaba muy rápido las posiciones, estuvo un poco desconcentrada y ellas hubieran preferido verla echando un polvo menos espectacular y con más sabrosura. Al oír la explicación de las dos chicas, la reina dijo que levantaran la mano las damas que, actuando con el Morito, estuvieran dispuestas a participar en una competencia sexual para ganarse el vestido que ella había usado el día anterior. Todas levantaron la mano e hicieron un bullicio y cuando hubo silencio la reina le ordenó a su dama favorita que le entregara el premio a Helena.
Ese mismo día se realizó la primera competencia sexual por el vestido. Concursó una de las chicas que habían criticado a Helena y, según los comentarios, dejó en alto el culeo de las francesas. Se había convenido que, en cada evento, cada una de las integrantes del séquito daría una calificación entre tres y cinco puntos; a esta participante le faltaron solo tres puntos para obtener el máximo puntaje, pero, en los eventos siguientes, todas culiaron con dureza y casi todas sacaron ese mismo resultado. La ganadora del premio fue la otra chica que había criticado a Helena, a ésta le faltó un solo punto para obtener la máxima calificación.
Considero que no es necesario entrar en detalles, la conclusión es que todos los eventos sexuales fueron espectaculares. La obra de Dina Iris dice que en esa época las francesas eran muy ardientes y muy buen catre y que las españolas eran buenas trabajadoras pero apagadas y malas en la cama. Ese día, en la entrega del premio, la reina protagonizó varias sorpresas, primero ordenó vestir en secreto a la ganadora con el vestido que se había ganado y ella llegó de sorpresa con él ya puesto, pero lo mejor estaba por llegar. Su majestad dijo que había comprado dos caballos pony para dárselos a Nabo y que con él iba a echar un polvo al estilo español, y sin rodeos les pidió a las damas de su séquito que, cuando terminara, le dijeran las fallas que hubiese cometido.
Su majestad, al iniciar la faena sexual tomó por el gajo al pigmeo y le chupó el pene. Y, en resumen, durante el polvo se movió poco y se cansó rápido; debido al cansancio de la reina, a Nabo le tocó ponerla en una posición que las francesas llamaban Vaca Muerta, un modo que consistía en ponerle una almohada en las nalgas a la hembra, abrirle las piernas y estando ella quieta, darle clavo hasta terminar, y así fue como terminó el evento. Sin embargo, según el dictamen de las damas del séquito, la peor falla del polvo no fue ni la falta de movimientos ni el cansancio de la protagonista sino la falta de chillidos; todas ellas habían hecho un concierto de chillidos en sus actuaciones sexuales y la reina actuó en silencio. Al oír esa crítica la reina les preguntó cuál era la importancia de los chillidos en los polvos; ellas respondieron que un polvo sin chillidos era como una fiesta sin música.
En su libro, Dina Iris cuenta que, con frecuencia, en las noches siguientes escuchaba a la reina en plena faena con Nabo, interpretando con dureza ‘la música del amor’, pero que ese romance no duró mucho porque la reina quedó embarazada e hizo toda clase de parapetos para abortar, pero nada le dio resultado. La autora se imaginaba que la reina estando en ese agite había hablado del asunto con el capellán mayor y había puesto a Nabo bajo su cuidado; la reina no logró abortar, tal vez por las tantas cosas que se hizo con ese propósito, el embarazo fue duro y complicado. Para tapar los cuernos hizo creer que su embarazo había ocurrido dos meses después del verdadero inicio y por eso todos creyeron que el parto se había adelantado. Antes del parto duró tres días dando gritos y pataletas en su cama, con su séquito a su lado rezando. Y, poco después del parto, el capellán mayor se desmayó cuando vio la horrible y negrita criatura que había parido su majestad. Nació una niña, negra como el carbón; Dina Iris creía que las pataletas de la reina habían sido para que la criatura naciera muerta y que, de haber sido así, solo logró causarle hinchaduras a la bebé, detalles que desaparecieron poco después pero que la hicieron ver mucho más fea en el nacimiento.
Como cosa rara, el rey Luis XIV estuvo pendiente de su esposa durante los dolores del parto. En esos días, además del personal médico de la monarquía y el capellán mayor, solo se les permitió entrar al aposento donde convalecía la reina a las integrantes de su séquito, del que ya no hacía parte el pigmeo Nabo y que por lo tanto quedó integrado en su totalidad por mujeres. El desmallo que le dio al capellán cuando vio a la recién nacida duró varias horas y fue casi un infarto; por la gravedad del asunto, el personal médico tuvo que dividirse en dos grupos, una parte de éstos continuó atendiendo a la reina y a la ‘princesa demonio’ y la otra se encargó de revivir al capellán.
El libro de Dina Iris hace un extenso y detallado relato de los inusitados hechos que se presentaron en el momento del parto de la reina y durante el desmallo del capellán. El resumen de dicho relato es que, por su aspecto horrible, todos le tenían miedo a la ‘princesa demonio’, nadie quería lidiarla ni encargarse de ella, añade que la niña nació con hambre y que no le quitaba la vista al médico que la alimentó; que cuando el capellán revivió, los médicos se llevaron a la ‘princesa demonio’ y que, muchos años después, ella la había visitado en el convento de Moret, donde ejercía como Louise Marie-Therese y donde vivió toda su vida, desde el año 1664 hasta el 1732.
Numerosos autores han escrito acerca de la vida de Louise Marie-Therese, inclusive, Voltaire dejó escrito que sostuvo una entrevista con ella. Además, en la Biblioteca de santa Genoveva de Paris existe un cuadro con el retrato de ella, que fue pintado en 1695, y en diversos lugares se conservan varias cartas que se cruzaron ella y sus familiares de las monarquías francesa y española, pero nadie se atrevió tan siquiera a mencionar a su verdadero padre, el pigmeo Nabo. Al final, el libro de Dina Iris dice que, sobornados por la reina, varios médicos y el capellán mayor lograron convencer al rey de que él era el padre de la ‘princesa negra’; en un párrafo dice que “para lograr ese propósito, los médicos le explicaron al rey Luis XIV que, según el muy sabio capellán mayor, habían existido ancestros negros, tanto en la monarquía francesa como en la española, y que, por haber tenido ellos esos ancestros, científicamente era totalmente posible que hubieran tenido una hija negra, y que lo ocurrido a sus majestades no se presentaba con frecuencia pero que era una regla genética normal.”
Dina Iris cuenta que la reina duró pocos meses culiando con el pigmeo, y que, aprovechando las frecuentes ausencias del rey, culiaban de seguido y con dureza, y que siete meses antes del nacimiento de la ‘princesa negra’, al darse cuenta la reina que el tipito la había preñado, le dio a él una mezcla de venenos, y que cuando éste empezó a dar gritos, con el argumento de que el pigmeo podía estar enfermo de algún mal contagioso, ella hizo que lo encerraran en un sótano en el que en poco tiempo se convirtió en pato muerto. Según Dina Iris, al rey le gustaba la música del amor y la reina lo encoñó porque desde entonces en cada polvo le daba un concierto de chillidos. Y así finalizó mi historia de pato muerto y mi actuación en este Congreso. Gracias señoras y señores mandracus por la atención que me prestaron.  

 
 
 

lunes, 28 de agosto de 2017

UNA VISITA MUY COSTOSA Y NADA DIVINA.



El filósofo Séneca decía que “La religión es considerada por la gente común como verdadera, por los sabios como falsa y por los gobernantes como útil".


El filósofo Seneca vivió desde el año 4. a C., hasta el 65 de nuestra era, es decir, durante todo el tiempo que supuestamente existió Cristo, pero, aunque él por diversas razones recorrió todo el Imperio Romano al cual estaba sometida la patria de Cristo y dejó numerosos escritos históricos, no lo mencionó ni mucho menos se refirió a los supuestos milagros y resurrección del dios de los cristianos.

Créase o no, lo cierto es que NO EXISTE HISTORIA DE CRISTO; al comienzo, la fe cristiana se apoyaba en leyendas, por ejemplo, como la música vallenato con Francisco El Hombre, y la Farsa de los Evangelios nació a finales del primer siglo de nuestra era, es decir, cuando ya no vivía nadie que, con conocimiento de causa, pudiera contradecir esas mentiras. Pero es posible que haya existido un filósofo llamado Cristo, aunque históricamente es seguro que este personaje no tiene nada que ver con el rollo de farsas religiosas que la oligarquía romana, para su beneficio, inventó de él y con toda crueldad le hizo creer a gran parte de la indefensa e ingenua humanidad.

En pocos días llegará a Colombia el papa Francisco. Y según han dicho quienes saben de los costos de los viajes del pontífice, en Colombia el promedio de gastos diario no será inferior a un millón y medio de dólares, es decir, su santidad generara alrededor de 4.500 millones de pesos de gastos por cada día que permanezca en este rebaño de ingenuas ovejas humanas. Pero, tratándose de una persona austera como se dice que es el papa Francisco ¿De dónde sale tanto gasto?

No sé si se cumplirán las expectativas de la Iglesia, pero la mafia del Vaticano y el muy servil gobierno de la capital esperan que asistan 600 mil personas a la misa que dará el papa en el Parque Nacional, y para tal rebaño de ovejas humanas se están habilitando mil baños, cifra que no es exagerada, ya que habrá un baño por cada 600 ingenuos, y en ese sólo detalle, sin inflar los costos al estilo del Ñoño, se pueden ir mil millones de pesos, o sea que cada baño cueste un millón, y este es tan solo uno de los tantos rubros de logística que deben hacerse para que el papa calumnie al Creador con el viejo cuento de que Dios tuvo un hijo con una mujer.

Y digo que los gastos son para que el papa calumnie al Creador, porque eso es lo que ha hecho históricamente el jefe de la Santa Iglesia. Con sangre y muertes, la monarquía eclesiástica duró más de 15 siglos obligando a los ingenuos o indefensos a creer que Dios tuvo un hijo con una mujer y que ese retoño del Creador es el único Salvador de la Humanidad, y que el supuesto Salvador asignó a Roma como su Santa Sede y al Obispo de esa ciudad como al único representante de Dios en la Tierra, gran farsa que es conocida por los miembros de la monarquía eclesiástica como “La Fábula de Jesucristo”, siendo de aclarar que de haber existido Cristo ni siquiera conoció a Roma.

Y como dato curioso vale explicar que la Iglesia perdió los sacrificios que hizo para impedir que aprendiera a leer la gente común; la monarquía eclesiástica creía que si el pueblo raso aprendía a leer se volvía sabio y por lo tanto dejaba de creer en “La Fábula de Jesucristo” y eso sería el fin de la mina de ´lana’ que les generaban sus estúpidas y beneficiosas ovejas humanas. Pero, la Santa Iglesia se equivocó en ese detalle, pues, en la actualidad, aunque en el territorio eclesiástico casi toda la gente común sabe leer, casi nadie lee un libro ni mucho menos se interesa en verificar si las prédicas cristianas son históricamente ciertas y, por eso, gran parte de la humanidad prefiere creer lo que oye decir y sigue siendo un rebaño igual de ingenuo que cuando estaba integrado por analfabetas.

Para lo único que me interesa la visita del hombre que lidera la entidad que más se beneficia calumniando a Dios, es para verificar si ha disminuido o aumentado la cantidad de ovejas humanas, desde mi punto de vista, una aglomeración de tontos, estúpidos, mamertos y serviles del Vaticano. Más adelante hallarán las explicaciones de porqué pienso de esa manera; quienes se sientan ofendidos por la frase anterior, y para que se enteren mejor de este asunto, les recomiendo leer y analizar cuáles fueron los propósitos del primer concilio de Nicea y del primero de Éfeso.

Si nos atenemos a la Historia, ocurrió que al supuesto Cristo, el ahora Jesús y dios romano-cristiano, le cambió el nombre y lo endiosó la mafia interna de la monarquía romana en los concilios de Nicea (año 325), y de Éfeso (año 431). Según registros históricos, en dichos concilios, por conveniencias políticas de la monarquía romana y por determinación de los emperadores Constantino I y Teodosio II, el hasta entonces legendario Cristo nazareno, en el Primer Concilio de Nicea fue declarado como Hijo de Dios y Dios, pero muchos de los filósofos orientales de esa época aseguraban que nada era más imposible que la existencia de un hijo de Dios con una mujer y consideraban a la recién instaurada Santa Iglesia Romana como una secta oportunista, ya que se beneficiaba calumniando al Creador con ese cuento absurdo, y, luego de más de un siglo de asesinatos eclesiásticos selectivos por contradecir ese asunto, para aclarar las cosas acerca de las divinidades del supuesto dios Jesucristo fue realizado el Primer Concilio de Éfeso.

Por los asuntos aprobados en el concilio de Nicea surgió un gran lío religioso entre quienes creían el cuento romano y los que consideraban que era una farsa religiosa que beneficiaba a la Iglesia Romana. Cirilo y Nestorio eran los nombres de los líderes de los temas en conflicto. En dichos alegatos, Cirilo era el pupilo de la mafia eclesiástica romana y Nestorio era el patriarca de Constantinopla. Supuestamente para discutir el lío, Cirilo llegó el 22 de junio a Éfeso y Nestorio se negó a participar en el concilio sin la presencia del patriarca de Antioquía, su amigo, que venía en camino. Al solicitar su presencia para iniciar las deliberaciones, el patriarca solicitó cinco días de espera, pero Cirilo no quiso esperar. Ordenó Iniciar el concilio sin la contraparte y en la primera sesión fue aprobada la condena de las tesis de Nestorio y la virginidad y maternidad de María, quien, desde entonces quedó reconocida como virgen y madre del Hijo de Dios.

El patriarca Juan de Antioquía llegó a Éfeso el 27 de junio y, de inmediato, paralelo a las diligencias de la contraparte, Nestorio realizó una asamblea en la que Cirilo fue acusado de herejía arriana, condenado y depuesto de sus funciones religiosas. Y el 10 de julio llegaron los legados papales, entre estos el representante personal del papa Celestino I, quienes sin oír a la contraparte aprobaron la sesión celebrada el 22 de junio, que incluía la condena a Nestorio, a quien luego el papa convirtió en pato muerto en un desierto de Libia, donde estaba prisionero.

En realidad, el Primer Concilio de Éfeso fue una farsa, pues las dos partes actuaron por separado y ambas aprobaron cosas opuestas que en vez de acordar radicalizaron más el conflicto que se pretendía conciliar. Y, como si ese desatino hubiera sido poco, Cirilo, luego de sobornar al representante del emperador, consiguió que el emperador Teodosio hiciera publicar como legalmente aprobados en el concilio sus absurdos religiosos. Y el resumen de la explicación anterior es que, según registros históricos, además de trampas hubo soborno para reglamentar la divinidad de Jesucristo.

Además, vale aclarar que la mafia eclesiástica, junto con el uso de chantajes, torturas y muerte, desde que ocurrieron esos hechos en Nicea ha usado el soborno como mecanismo para obtener sus objetivos. Muchos de los pontífices fueron elegidos mediante soborno y de la última elección de papa que se sabe que hubo soborno ocurrió en la elección de Benedicto XVI, el19 de abril de 2005; según le informaron a la prensa algunos de los cardenales que no votaron por él, Benedicto XVI no fue elegido por obra y gracia del espíritu santo sino por el millón de dólares que el Opus Dei ofreció y les pagó de soborno a cada uno de los cardenales que votaron por él. O sea que el penúltimo legado de Cristo, relevado por el papa Francisco, ocupó la silla de san Pedro mediante soborno.

Pero a simple vista, para analizar cómo era el supuesto Dios Padre, démosle un vistazo al comportamiento de Jehová, el dios bíblico que supuestamente es el padre de Jesucristo. La Biblia en el libro 1 de Samuel, 15, 3-4 dice: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues (le ordena al rey Saúl), y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. O sea que, según la Biblia, por venganza, Jehová ordenaba realizar masacres indiscriminadas en las que ni siquiera los animales se salvaban, y, que se sepa, ningún criminal humano ha ordenado hacer masacres de tal magnitud.

Y vale añadir que, aunque con muchas ambigüedades, la Iglesia asegura que el dios bíblico es el padre de Jesús y que, por su infinito amor a la humanidad, para la salvación de sus almas les dio su Hijo a los humanos para que le hicieran todas las humillaciones y crueldades que quisieran. Pero, si las cosas fueron así, no podemos decir que el dios bíblico es un padre ejemplar. Sin embargo, las Escrituras supuestamente Sagradas están plagadas de incoherencias; por ejemplo, según san Mateo, el rey Herodes intentó matar al Hijo de Dios, pero, históricamente, Herodes murió 4 años antes del supuesto nacimiento de Cristo.

En realidad, la Iglesia es una monarquía mafiosa, teocrática y capitalista, que para apoderarse de riquezas ha cometido todos los delitos humanamente posibles y que para sacarles la buena ‘lana’ a sus millones de fieles ovejas humanas les hace creer que es una entidad religiosa, sin ánimo de lucro. A quienes les interese saber lo rica y poderosa que es la Iglesia les recomiendo leer el libro Los Billones del Vaticano del gran investigador y escritor Avro Manhattan.

 

 

lunes, 7 de agosto de 2017

PATO MUERTO Y ORO ROBADO


Esta Entrada contiene la Historia de Pato Muerto que cuenta en su actuación El Hombre Feliz, lo que además es una parte de un capítulo de mi novela inédita titulada Pato Muerto.

 

El pato muerto de mi historia era un bocón apasionado, hasta el punto que hizo surgir la famosa frase: “¿Chávez por qué no te callas?”, y supuestamente murió de cáncer en Caracas, pero lo cierto es que murió en Cuba, asesinado por sus mejores amigos, sin incluir al presidente Santos que, como suele ocurrir entre políticos perversos, de viejo enemigo suyo pasó a ser su nuevo mejor amigo. El tipo fingía ser el máximo líder comunista del siglo XXI, pero en realidad fue un despilfarrador y ladrón que, no obstante a que gobernó a Venezuela en la mayor bonanza petrolera, dejó en ruinas a su nación y convirtió en multimillonarios a sus secuaces, entre éstos a su hija María Gabriela que estando desempleada se convirtió en la mujer más rica de su país.

Este mandracu desde niño se había comido la farsa del comunismo cubano, ya que sus padres eran maestros, y, desde los años 60, con el patrocinio de la Unión Soviética, el comunismo de Cuba infiltró las instituciones de educación de casi todos los países de Suramérica, y con ello a gran parte de los profesores venezolanos, a quienes les hicieron creer que en Cuba todo el mundo vivía bien y hacía y estudiaba lo que le diera la gana. Lo más seguro es que se le metió en la cabeza el espejismo de convertirse en un Fidel Castro del siglo XXI y, aplicando el socialismo cubano de ficción que había escuchado de sus padres, quería juntar y gobernar los países que ayudó a liberar Simón Bolívar.

En el año 1989 ocurrieron varios hechos que opacaron y dejaron en la olla al comunismo cubano. En ese año, por la pésima situación económica, la Unión Soviética estaba colapsando y con ello dando fin a la Guerra Fría; se acabó la escalada en Angola; Mijaíl Gorbachov inició la perestroika; surgió el sindicato Solidaridad; cayó el muro de Berlín; y, en China, las tropas comunistas hicieron una gran masacre en la protesta de Tiannamen. La ocurrencia de esos incidentes hizo acabar el chorro de dinero que llegaba de la Unión Soviética a Cuba y lo único que empezó a producirles dinero a los hermanos Castro fue el cartel de Medellín, porque con la vista gorda de ellos, el poderoso jefe mafioso Pablo Escobar usaba los aeropuertos de ese país como puentes aéreos para llevar narcóticos a los Estados Unidos.

El uso de Cuba como puente para el narcotráfico les daba muy buenas utilidades a los hermanos Castro, pero éstos cayeron en cuenta que, por no contar ahora con el poderoso apoyo soviético, Estados Unidos podía invadir Cuba y llevarlos presos a ellos, como había hecho en Panamá con el mafioso y dictador Manuel Antonio Noriega, y por eso decidieron acabar con ese negocio. Aunque los Castro han asesinado o han ordenado la muerte de decenas de miles de personas, esta vez para lavarse las manos del tratado mafioso que tenían con el Cartel de Medellín hicieron un espectáculo macabro, con el que convirtieron en pato muerto al famoso general Arnaldo Ochoa y a otros supuestos involucrados en el uso de Cuba como puente para el narcotráfico.

Según rumores, los hermanos Castro estaban celosos con la fama y popularidad del general Ochoa, y con este percance mataron dos patos con el mismo tiro, es decir, se quitaron dos problemas con este asesinato ya que además de evitarse la posibilidad de la invasión gringa, eliminaron al rival más peligros para ellos, de quien temían porque había participado en varias guerras en el exterior y era el militar que contaba con mayor apoyo dentro de las tropas de las Fuerzas Armadas de Cuba. Luego de una tragicomedia inventada por Raúl Castro, un tribunal militar especial, apoyado por toda la tímida cúpula que dominaban los hermanos Castro y para salvar cada quien su pellejo, condenó por unanimidad a la pena de muerte al general Arnaldo Ochoa y a los militares Antonio de La Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez, quienes fueron fusilados al amanecer del 13 de julio de 1989.

Desde hace más de medio siglo, los hermanos Castro son dueños de Cuba, país que convirtieron en una cárcel del mismo tamaño de la nación, y, aunque ellos son sumamente ricos, con el derrumbe económico de la Unión soviética se les acabó el chorro de dinero con el que sostenían sus enormes fuerzas militares y sus misiones internacionales de adoctrinamiento comunista. Los dólares que pagaban los narcotraficantes colombianos aliviaban un poco la crisis surgida por la falta de la ayuda soviética, pero ese dinero no era gran cosa si se comparaba con el hueco económico que había surgido en Cuba por la caída del gran patrocinador de la causa comunista.

Las misiones políticas cubanas, patrocinadas por la Unión Soviética, adoctrinaron a gran parte de los maestros de Suramérica, y, por intermedio de éstos, a los estudiantes y a mucha gente de este continente, claro está, sin que nadie pudiera verificar las supuestas bondades sociales del comunismo. Por ejemplo, de alguna manera se las arreglaban para invitar y llevar profesores a Cuba y allá les mostraban a éstos lo que a ellos les convenía que vieran, pero jamás les permitían ver cómo se alimentaban y trabajaban los campesinos, ni mucho menos dialogar con el pueblo raso cubano, contacto popular que durante toda la era castrista ha sido imposible porque, por temor a sus autoridades, la población cubana, además de estar aislada, por todos los medios evita dialogar con los extranjeros

Las fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, siendo el ejército de un país pequeño, con el apoyo soviético y de la República Democrática Alemana, en pocos años se convirtieron en el segundo ejército más numeroso de América, superado solo por el de Estados Unidos, y con el argumento de establecer en todo el mundo lo que Fidel Castro ha llamado como “Internacionalismo Proletario”, ha participado en numerosas guerras extranjeras y ha intervenido para derrocar gobiernos de varios países, entre estos, las dos intervenciones fracasadas en los años 1963 y 1967 para derrocar el de Venezuela.

Desde niño, aunque estaba al cuidado de su abuela paterna, con el apoyo de sus padres, Hugo Rafael Chávez Frías, el pato muerto de esta historia, fue adoctrinado con las ideas Marxista-Leninistas de las infiltradas brigadas cubanas, que contaban con el ilimitado patrocinio soviético. Fue monaguillo y era aficionado al béisbol, a la música cubana, al teatro y a la pintura. Venezuela siempre ha sido una nación con una gran población de extranjeros y con la tradición de que casi todos los nacidos en el país son empleados estatales, por lo que al joven Chávez le quedó fácil ingresar a hacer curso de oficial en la Academia Militar de Venezuela, y se sabe que recibió el grado de subteniente en el año 1975 y que casi siempre ocupó el primer puesto en varios cursos que hizo, pero fue en el año 1982 que se conocieron sus actividades proselitistas cuando en homenaje a los 200 años del natalicio de Simón Bolívar fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, aliado con un grupo de oficiales de rango medio, que habían sido adoctrinados con las farsas del comunismo cubano.

 Encontrándose Cuba en la peor crisis económica de su historia, como aparecido del cielo surgió un milagro, fruto de su larga labor de adoctrinamiento comunista en Venezuela. En las elecciones presidenciales del 6 de diciembre del año 1998, como efecto de un frustrado Golpe de Estado que éste había provocado en el año 1992, fue elegido presidente el ahora excoronel socialista Hugo Chávez, el despilfarrador que después se convertiría en la salvación del desastre económico del comunismo cubano y luego en pato muerto de los hermanos Castro.

Al asumir Chávez el gobierno del Estado venezolano, la buena suerte cubana llegó con una gran ñapa; en diciembre del año 1998, cuando Chávez fue elegido presidente, el barril de petróleo venezolano se vendía a 14 dólares y, de entrada, en el año 1999 subió a 16; en 2004 se vendía a 32 y dichos precios siguieron aumentando hasta llegar a 88 en el 2008  y a 103 dólares en promedio entre 2011 y 2014, pero aunque cuba recibió 90.000 barriles diarios de petróleo desde que se inició el gobierno de Chávez, por ese pago el país bolivariano no recibió un solo dólar ya que ese costo lo cancelaba Fidel con el trabajo de casi 30.000 cubanos, la mayoría de éstos doctores y profesores del comunismo cubano, con los que se conformaron las misiones Barrio Adentro, y varios miles de asesores militares, agentes de seguridad y preparadores de deportistas, entre otros.

En el año 2011, el presidente Hugo Chávez dispuso el regreso a Venezuela de 17.000 lingotes de oro que le pertenecían a la República de Venezuela y que se encontraban depositados desde el año 1.986 en Canadá, Estados Unidos, Inglaterra y Suiza. Y, pocos días después, con el visto bueno presidencial, dos aviones militares cubanos fueron cargados con varios miles de dichos lingotes, para ser llevados a la isla de los Castro y depositados en el Banco Central de Cuba. Nuestro histórico bocón creía ciegamente en su ‘padre’ Fidel y le confió el cuidado de los lingotes de oro, según dijo entonces, “para cualquier eventualidad que ocurra”.

Raúl Castro relevó a su hermano Fidel en la presidencia de Cuba, el 24 de febrero de 2008, y con ese cambio se inició una pequeña perestroika cubana. Aunque no lo reconozcan en público, los hermanos Castro saben con certeza que el comunismo es un fracaso y que en ninguna parte del mundo es sostenible el modelo político Marxista-Leninista que ellos aplicaron en Cuba, y que en Venezuela es imposible hacer lo que ellos han hecho con su país, por la simple razón de que esta nación no es una isla y por eso no es posible convertirla en una nación cárcel, como han hecho ellos con Cuba por más de medio siglo. El comunismo ha sido un fracaso y, para modernizar su nación, Raúl Castro decidió hacer cambios comerciales, económicos y formalizar relaciones diplomáticas con Estados Unidos, asunto que tomó por sorpresa al ingenuo y futuro pato muerto de esta historia.

Aunque parezca mentira, los Castro de alguna manera se las arreglaban y nunca permitieron que Hugo Chávez viera cómo era realmente la vida del pueblo raso cubano. Siempre que el ‘Bolivariano’ iba a Cuba, los Castro montaban un enorme show de farsas socialistas y por ningún motivo le permitían hablar con la población llevada del putas, es decir, no lo dejaban hablar con la maltratada gente del común que él siempre creyó que vivía muy bien y hacía lo que le diera la gana, que era como se lo habían inculcado los adoctrinadores cubanos infiltrados en Venezuela.

No se sabe cuándo, cómo, ni dónde surgió el achaque, pero luego de que le detectaran y le operaran en Venezuela unos supuestos tumores raros, el presidente Chávez viajó a La Habana el 10 de junio de 2011 donde le realizaron otra intervención quirúrgica. Ese día, según los medios de información, Chávez fue operado de un absceso pélvico, y, personalmente, el 23 de julio nuestro bocón anunció que no tenía células cancerígenas en su cuerpo; y el 10 de septiembre, en su programa “Aló Presidente” aseguró que estaba completamente curado y que había derrotado al cáncer. Sin embargo, el 21 de febrero de 2012, dicho mandracu dijo por televisión que le habían detectado un problema raro en la misma parte donde le habían hecho la operación en Cuba.

El presidente Lula Da Silva, de Brasil, le aconsejó a Chávez que se hiciera un examen médico en el  hospital Sirio-Libanés de su país, pero, aconsejado por Fidel Castro, el presidente venezolano prefirió regresar a Cuba, el 26 de febrero de ese mismo año, y allí fue operado por tercera vez, pero el 8 de diciembre, ya sabiendo que lo que tenía era mucho más grave de lo que se creía, por televisión dijo que sería sometido a una cuarta operación y, por si ocurría algo grave, aconsejado por los hermanos Castro designó a Nicolás Maduro como su candidato a reemplazarlo.

Por las numerosas y valiosas ayudas que le había dado al “hermano pueblo cubano”, Chávez nunca sospechó que los hermanos Castro querían sacarlo de este mundo, pero lo cierto era que el líder venezolano era una piedra en el zapato para hacer los cambios políticos que, con urgencia, había que hacerle al arcaico y fracasado sistema gubernamental cubano. La Unión Soviética se había fracturado en 15 países independientes, cuyos gobiernos no querían saber nada del nefasto comunismo que los había llevado al desastre económico, y la otrora estratégica isla cubana era solo un mal recuerdo. Raúl Castro, por encima de todo, para legitimar su régimen y lograr una economía sostenible para su país estaba obligado a reestablecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos, una nación que, para el tonto bocón de esta historia, era el “Imperio Oligarca” responsable de todos los males del mundo.

El presidente Chávez partió hacia su matadero cubano el día 8 de diciembre de 2012 y regresó, en secreto, la noche del 18 de febrero de 2013. Aunque los pocos altos funcionarios del gobierno que lo recibieron aseguraron que llegó vivo y que se estaba recuperando, según dijeron fuentes creíbles, el presidente Chávez, por estrategias de los hermanos Castro se convirtió en pato muerto el 30 de diciembre de 2012, o sea que cuando regresó ya hacía más de mes y medio que había muerto.

Lo último que hizo el presidente Chávez, por recomendación de Fidel Castro, fue dar instrucciones a la cúpula de su Movimiento Bolivariano del Siglo XXI, para que “en caso de una fatalidad”, eligieran como presidente a Nicolás Maduro Moros, un colombiano cubanoide a quien la inteligencia cubana, mediante sobornos, le hizo borrar en Colombia su registro de nacimiento y quien haciéndose pasar como ciudadano venezolano había logrado pasar de chofer de bus a miembro principal del todopoderoso gobierno chavista. Maduro había acusado públicamente a la CIA de haberle provocado el cáncer a Hugo Chávez y se esperaba que, al tomar el poder, ordenaría investigar ese asunto, pero muy pronto se dio cuenta del arreglo que estaban haciendo los hermanos Castro para formalizar relaciones diplomáticas con el gobierno de Estados Unidos y como que sospechó que la muerte del ‘Comandante’ había sido orquestada por los servicios secretos de ambas naciones y no volvió a tocar ese tema.

Ni siquiera se saben los nombres de los médicos que operaron a Chávez, ya que en Cuba no hay prensa independiente, y, en relación a ese asunto, el gobierno de ese país solo informó lo que le convenía. Sin embargo, en un discurso Chávez dijo que luego de una gira por Brasil y Ecuador, en vez de regresar a Venezuela resolvió ir a Cuba para hacer nuevos tratados de cooperación internacionales con su muy admirado y eterno amigo Fidel Castro, y aprovechar para hacerse un chequeo de una antigua lesión que había sufrido en su rodilla izquierda, pero que no era cosa grave.

Chávez, sin desconfiar que pudieron haberle tendido una trampa, en dicho discurso contó que su ‘padre’ Fidel lo había recibido en el aeropuerto de la Habana y que, hablándole como si fuera su médico, le había dicho que lo notaba muy decaído y le pidió que le contara los males de salud que estaba padeciendo. No dijo si le habían dado algo de beber o de comer, pero lo más seguro es que de algún modo los servicios secretos de los hermanos Castro le aplicaron algo que le hizo perder la razón. Por lo que explicó en el discurso, se puede deducir que a Chávez se le olvidó la lesión de su rodilla y que en vez de esa dolencia le habló a su supuesto amigo de unos achaques raros que dieron como resultado que Fidel Castro ordenara esa misma noche una emergencia médica para operar de urgencia al presidente venezolano.

Es de señalar que, poco antes de los sucesos mencionados, por su deprimida apariencia física todo el mundo creía que a Fidel Castro le quedaba poco tiempo de vida y que Chávez lo visitó numerosas veces en su lecho de enfermo, hallándolo cada vez más recuperado, según le explicaba a nuestro bocón el octogenario líder cubano, gracias a la extraordinaria eficiencia de los médicos cubanos. Y resulta sospecho el hecho de que los médicos cubanos mantuvieran como un roble al anciano Comandante Fidel y no hubieran podido evitar que el Comandante Chávez ahora sea pato muerto.

Nicolás Maduro, además de cometer todos los delitos electorales, mediante un descarado fraude se convirtió en ‘legítimo’ presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Y, aunque resultó ser lo que esperaban de él los hermanos Castro, no pudo digerir el apretón de manos que se dieron en Panamá los presidentes Barack Obama de Estados Unidos y Raúl Castro de Cuba. Pocos días después de ese hecho se comunicó con el presidente cubano para decirle que había decidido regresar a Venezuela los lingotes de oro que había depositado Chávez en el Banco Central de Cuba. Y casi le da un infarto cuando Raúl Castro le respondió: “Ese oro respalda todos los bienes y servicios que Cuba le presta a Venezuela.”

Los hermanos Castro serían los más beneficiados si se normalizaran las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. El turismo, que es la fuente que más ingresos le genera a Cuba, beneficia más a los cubanos que a los norteamericanos, y por lo tanto es más probable que Chávez haya sido pato muerto como resultado de una conspiración del régimen cubano y no de la CIA, como han creídos algunas personas. Pero, en realidad, son muy pocos los que saben cuándo y de qué murió el presidente Hugo Chávez y lo más seguro es que, igual que el general Arnaldo Ochoa, nuestro histórico bocón también fue un pato muerto para beneficiar a los jefes del régimen cubano.

El general Arnaldo Ochoa y el presidente Chávez -y varios miles de mamertos ingenuos- son patos muertos por haber creído que los hermanos Castro eran amigos suyos. Pero, aunque con muy leves consecuencias, yo también he sido víctima de numerosas chicas que, en vez del amor verdadero que me prometieron, me engañaron y se portaron como las víboras que suelen ser los políticos, los mafiosos y las mujeres hermosas. Sin embargo, en vez de regalarles millones de barriles de petróleo a los muy corruptos amigos del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, prefiero disfrutar mi dinero con las costosas pero divertidas crika locas, y para nada me interesa ser papa o Rey de la Humanidad. Gracias señoras y señores por escuchar mis sinceras palabras y recibamos al siguiente mandracus con un fuerte aplauso.

 

 

miércoles, 26 de julio de 2017

ACTUACIÓN DEL EXESPÍA


Esta Entrada es otro capítulo de mi libro inédito titulado Pato Muerto. Y, esta obra, como todas las que he escrito, está llena de verdades que casi a ninguna editorial le convienen o puede publicar. La razón es que en este trabajo hago un análisis riguroso de algunos hechos y el resultado es que, entre otros, resultan siendo pato muerto Jehová, la Justicia y las creencias religiosas.





                                  OBRA DE: EDUARDO DAVID LÓPEZ ESPINOSA
                                                        PATO MUERTO
 
 
                                           ACTUACIÓN DEL EXESPÍA

 

El mandracu que llegó al escenario es un tipo elegante que usa gafas oscuras y es un todoterreno que siempre actúa como si estuviera en su casa. Lentamente miró a sus colegas y luego dijo: Gracias señoras y señores por sus aplausos. Mi nombre es La Verdad Oculta, y fui elegido a este congreso por haber sido agente de inteligencia del emporio económico más poderoso del mundo y por eso creo que, para que un mandracu pueda ser Rey de la Humanidad, de alguna manera tiene que hacer parte de ese grupo perverso.

Yo ejercí como espía en la época de la Guerra Fría y mis actividades más que todo tenían que ver con el cruce de mensajes o servir de enlace entre personajes espías. Y usé muchas formas para entregar o recibir las informaciones, siendo mi modo preferido el de fotógrafo de eventos sociales de la alta diplomacia. En mi época no existía Internet, los envíos de información se hacían por correo diplomático o los llevaba uno mismo, y las llamadas telefónicas se hacían usando unas claves codificadas que eran bastante seguras, pero tenían muchas limitaciones.

El trabajo de los espías está lejos de parecerse a lo que hacen los agentes secretos de las películas. Se puede decir que este es uno de los empleos más complicados y aburridores que existen; casi nunca se logra saber lo necesario y por muchas razones son frecuentes las metidas de patas. Lo que les importa a los ‘patrones’ es el poder político, el robo de riquezas y el control de toda clase de negocios, algunas veces con arreglos limpios, pero, casi siempre, tanto los negocios como el manejo son sucios. Lo primero que descubre un buen espía es que el gobierno de las naciones no lo ejercen los gobernantes sino los dueños de los emporios económicos, liderados en América por la familia Rockefeller y en Europa por los Rothschild, dinastías influyentes en el Grupo Bilderberg y mezcladas con el Vaticano, con las realezas de Europa y con las oligarquías americanas, europeas y asiáticas. Sin importar a qué partido pertenezca, el presidente de Estado Unidos lo impone el Consejo de Relaciones Exteriores (C.F.R) cuyo presidente es David Rockefeller.

La mayoría de la gente cree que Estados Unidos, como Nación, ocupa países petroleros para apoderarse de sus riquezas, y muy pocos saben que el País como tal no tiene nada que ver en esos asuntos y que esos robos benefician sólo a los dueños de los emporios petroleros de esa nación. Pero, sin importar las muertes y los demás daños materiales, las guerras siempre son presionadas y planeadas por los dueños de los emporios económicos para que sean un negocio benéfico para sus filiales ladronas de petróleo, minerales o materias primas, proveedoras de armas, de logística, de transporte; en fin, toda una jauría de multinacionales se convierten en buitres de guerra para multiplicarles las riquezas a sus dueños, cosa en la que, además de los ya mencionados, también participan la monarquía eclesiástica y gran parte de la oligarquía de Europa. En el mundo entero, para los dueños del Poder, el pueblo raso no es mas que servidumbre o carne de cañón para servir a sus propósitos. Y muchos presidentes, ministros, generales y toda clase de personajes de alta alcurnia, como, por ejemplo, John Majar, por haber llegado a esas posiciones patrocinados o impuestos por ellos, en la práctica son lacayos de los dueños del Mundo.

El espionaje es el servicio de inteligencia estratégico del tire y afloje de los dueños del Mundo. Y en cierta forma es una farsa, pues, por lo general, los hechos importantes del mundo son muy distintos a lo que los amos del Poder le muestran o le dicen a la opinión pública por sus innumerables canales de televisión, emisoras, periódicos, revistas, redes sociales y todo lo demás, ya que todos los grandes medios de comunicación son "socios de inteligencia" del Grupo Bilderberg, del Opus Dei y de las demás agencias o comisiones de los amos del poder mundial. Vale aclarar que uno de los fundadores del Grupo Bilderberg fue Joseph Rettinger, un sacerdote jesuita y masón de grado 33 que durante varias décadas fue una de las fichas claves del Vaticano en el club de todopoderosos.

Mi padre era cercano al Grupo Bilderberg y era tan cerrado que ni siquiera pudo darse cuenta del daño que él y sus amigos le estaban haciendo al Mundo, ni mucho menos de que en realidad ellos eran los verdaderos esclavos de sus estúpidas ambiciones. El escritor Michael Thomas era un tipo rico que admiraba a los sabios y, debido a que ningún científico ha hecho parte de los Bilderberg, consideraba a estos personajes oscuros como “la gente más destructiva del mundo”. En uno de sus libros escribió: “Si los Bilderberg parecen ahora más discretos que nunca es, entre otras razones, porque sus propuestas, llevadas a cabo por sus serviles agencias, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han causado más devastación en los últimos años que todos los desastres de la Segunda Guerra Mundial juntos”.

 La historia del pato muerto que voy a contar es un relato de la muerte de un personaje que fue asesinado a la vista de todo el mundo pero que aún no se sabe quién lo mató. Y aunque los policías más expertos del mundo llevan más de medio siglo investigando este magnicidio, todavía no hay asomos de que en un futuro cercano pueda haber claridad acerca de los asesinos intelectuales de este mandracu. Para ir directo al grano, me refiero al asesinato del presidente de Estados Unidos, John F Kennedy, ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963, donde acababa de llegar el Jefe de Estado americano, quien fue asesinado yendo en un vehículo que era escoltado por un gran número de agentes de seguridad.

Poco mas de una hora después del asesinato del presidente Kennedy fue arrestado Lee Harvey Oswald, supuestamente por haber matado al patrullero de Dallas J.D. Tippitt y poco después las autoridades le atribuyeron a éste el magnicidio de Kennedy, pero él negó la autoría de ambos homicidios. No se sabe quién mató al patrullero, pero lo que sí es seguro es que Oswald no asesinó al presidente sino que él fue un chivo expiatorio, involucrado aprovechando la coyuntura de que ocho meses antes había intentado matar al anticomunista y exgeneral del Ejército, Edwin Walker, quien después de su renuncia del ejército estadounidense, en 1961, se había convertido en un notorio crítico de la administración Kennedy, por ser opositor a la determinación presidencial de integración racial en las escuelas del sur del país, siendo el tema racial la causa del atentado, ya que Oswald no era comunista.

Pocos segundos después del asesinato, en los alrededores de un montículo de hierba, de cuyo lado dizque también se oyeron disparos, la policía de Dallas detuvo a varios vagabundos que estaban en esos alrededores, pero, como cosa rara, ninguno de ellos fue llevado a una comisaría, tan siquiera para tomarle algún dato en relación a esos tiros o su identificación. Y no obstante a la importancia de dichos retenidos, ya que se trataba nada menos que del asesinato del presidente, los policías los liberaron enseguida y ellos desaparecieron para siempre, o al menos nunca fueron interrogados en las investigaciones que siguieron después.

Jesse Curry, jefe de la policía de Dallas, apareció en la televisión pocas horas después del magnicidio diciendo que le constaba que el FBI tenía controlado a Oswald y que por lo tanto él no podía ser el autor del asesinato de Kennedy, pero minutos después se retractó públicamente de esta afirmación. Cerca al lugar donde le dispararon a Kennedy, dos días después murió a tiros Oswald, quien en una comisaría fue asesinado por Jack Ruby, un tipo que manejaba discotecas de la mafia de Dallas y que estaba vinculado con el crimen organizado de Chicago; y quien, aprovechando que el acusado del magnicidio iba a ser llevado a la cárcel por unos pocos detectives, con la tolerancia de los guardianes lo acribilló a tiros, convirtiéndose éste en otro pato muerto de la mafia gubernamental que asesinó a Kennedy.

Aunque Estados Unidos desde mucho antes del asesinato de Kennedy tenía a su disposición los mejores investigadores del mundo y aún cuenta con esa fuerza y con los mayores recursos para realizar sus investigaciones; las autoridades de este país, luego de 50 años no le han dicho al mundo quiénes fueron los verdaderos autores intelectuales de este magnicidio, pero muchas personas han asegurado saber la verdad del homicidio, y, con sus versiones, en vez de aclarar este asunto, han contribuido a enredar más los resultados de las investigaciones. Y, siendo así las cosas, para que cada quien haga sus propias conclusiones, a continuación les hago un relato de varias circunstancias asociadas con ese tema y de cómo estaba el entorno político de Estados Unidos en la época del asesinato del presidente Kennedy.

El individuo más sospechoso y ficha clave en el asesinato de Kennedy fue el vicepresidente Lyndon Johnson quien pocas horas después del magnicidio fue juramentado como nuevo presidente, por la juez federal Sarah Hughes, a bordo del avión presidencial, con la ahora viuda Jacqueline Kennedy a su lado. La Historia registra como sospechoso el hecho de que, diez minutos después del asesinato del presidente, Johnson ordenó lavar el vehículo en el que iba Kennedy cuando recibió los disparos y con esa acción se vulneraron varias de las pruebas más importantes. En realidad, por así decirlo, no es cosa razonable que el vicepresidente, en semejante situación, estuviera más preocupado en el lavado de un vehículo que no se iba a usar en mucho tiempo, que en la salud del presidente, pero esa fue una de las órdenes raras que él dio poco antes de convertirse en presidente de Estados Unidos.

Es obvio que los asesinos intelectuales de Kennedy fueron varios, pero, sin lugar a dudas, la CIA fue la encargada de armar el sofisticado embrollo de desinformación y confusión que ha hecho imposible que se sepan las causas y los nombres de los verdaderos asesinos. Esta agencia oscura de inteligencia, para confundir a la gente, hizo como sospechosos de la muerte de Kennedy, entre otros, a la mafia, a los extraterrestres, a Fidel Castro, a los soviéticos, en soledad al supuesto asesino Oswald, pero, como será explicado, no salpicó a ninguno de quienes en realidad se beneficiaron con la muerte del presidente, detalle que lleva a pensar que este crimen fue una conspiración organizada por los dirigentes políticos más poderosos de Estados Unidos, y esa parte es la que será desvelada en este relato.

Según numerosos rumores, tanto el presidente Kennedy como el supuesto asesino Oswald fueron suplantados por dos personas idénticas a ellos, pero al presidente lo suplantaron estando muerto y al supuesto asesino antes de cometerse el magnicidio. El famoso investigador Robert Morningstar, aseguró que el policía J.D. Tippiti, por cuya muerte fue que arrestaron a Oswald ese día, era tan parecido a J. F. Kennedy que sus colegas lo apodaban ‘JFK’, y sostuvo que Tippiti fue asesinado para adulterar las pruebas y que, en vez del cuerpo del presidente, el cadáver del policía fue el analizado en la autopsia por los médicos, lo cual explicaría las contradicciones médicas sobre las fotos de la autopsia del presidente, ya que Morningstar dijo que aunque los dos físicamente se parecían, sus cuerpos eran muy distintos y que en las fotos encontró signos de una cirugía cosmética que jamás se hizo Kennedy y que coincidían con una operación que se había hecho el policía.

Y en la obra The Second Oswald, publicada en 1966, su autor Richard H Popkin dice que Oswald fue el mejor escenario para personificar al supuesto asesino. En su libro, Popkin asegura que de tales hechos tenía un "testigo estrella" que resultó ser J. Edgar Hoover, director entonces del F.B.I, quien inclusive internamente había escrito un memorándum, antes del asesinato, con el que alertaba a la CIA y a sus investigadores de que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald, quizá para aparentando ser éste, realizar algún delito importante, pero la CIA se hizo la sorda. Y vale señalar que Oswald había trabajado para la CIA y no era una mansa paloma; el resumen es que Oswald fue un pato muerto muy bien aprovechado por los asesinos intelectuales de Kennedy.

El policía Tippit era casado, tenía tres hijos con su esposa y tenía varias amantes, entre las que su preferida era Joyce Lee Gordon, una mujer hermosa que trabajaba en un casino de Jack Ruby, el tipo que asesinó a Oswald, el supuesto asesino del policía y del presidente Kennedy. Poco después del suceso, para investigar el magnicidio fue creada la Comisión Warren, que, luego, en su sabia manera de investigar confirmó que ambas muertes estaban relacionadas y que “el simpatizante comunista” Lee Harvey Oswald, sin que hubiera conspiración ni ayuda de otra persona, fue quien mató a los dos hombres. O sea que, según la conclusión de dicha comisión, Oswald mató al presidente Kennedy a las 12.30, llegó a su casa a las 13.00, y habiendo salido de ésta a las 13.05, con un arma de fuego que ni siquiera funcionaba asesinó al policía Tippit a las 13.15, quien murió de varios disparos, a casi una milla de distancia de la residencia de Oswald.

Oswald fue detenido en una sala de cine, media hora después de la muerte del policía, y la razón de su arresto fue porque se le consideró sospechoso de la muerte del oficial Tippit, pero los medios de comunicación, a los pocos minutos, sin mencionar el lío del detenido con relación a la muerte del policía, empezaron a dar su nombre como sospechoso del asesinato del presidente y en ese sentido fue que prosperó la acusación. Sin embargo, hasta el presente las autoridades no han mostrado ninguna prueba que demuestre con certeza que Oswald cometió tan siquiera uno de esos asesinatos, sino que todo el suceso parece haber sido orquestado por entidades oscuras, como la de los jesuitas, la CIA, y, luego de consumados los hechos, por la Comisión Warren, un grupo de funcionarios de altísimo nivel que, para investigar el magnicidio, nombró poco después el nuevo presidente.

Como ya se dijo, supuestamente para que esclareciera el magnicidio, Lyndon Johnson conformó la luego llamada Comisión Warren, orientada por el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, el magistrado Earl Warren, y además conformada por los senadores Richard Rusell Jr y John Sherman; y los congresistas Gerald Ford y Hale Boos; el exdirector de la CIA, Allen Dulles, y el exdirector del Banco Mundial, John McCloy, pero casi todos los investigadores independientes que analizaron los sucesos y la labor de dicha comisión aseguraron que esos personajes lo que habían hecho era una cortina de humo para encubrir a los asesinos intelectuales del presidente.

En el año 1976, el recién creado Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (HSCA) dio a conocer un informe en el que dice que fueron dos los tiradores que le dispararon al presidente Kennedy; que el tercer tiro partió de Lee Oswald y que con las evidencias disponibles se podía afirmar "que el presidente John F. Kennedy probablemente fue asesinado como resultado de una conspiración", pero no se hizo mención de quiénes fueron los posibles conspiradores ni del verdadero autor del asesinato del policía Tippit.

En los comicios de 1960, Richard Nixon había perdido las elecciones con Kennedy y, por el poder político que tenía la dinastía del candidato ganador, la única forma de evitar ser pato muerto del cargo presidencial era con la muerte del presidente. Por su parte, Lyndon Johnson anhelaba ser presidente y sabía que la única manera de lograrlo era con la muerte de Kennedy. A la Iglesia no le convenía que los Kennedy se le convirtieran en algo parecido a la dinastía Staufen, con cuyos indomables monarcas les tocó a los papas luchar durante 180 años, y la única forma de evitarlo era con la muerte del presidente y el deterioro humano y social de esa familia, cosa que así ocurrió. Y no obstante a que el vicepresidente Johnson fue uno de los más beneficiados con el asesinato de Kennedy, y a que muchas personas declararon o publicaron diversas anomalías sospechosas en su contra, los investigadores de la Comisión Warren jamás les prestaron atención a esas informaciones y por lo tanto el nuevo presidente nunca fue incriminado como sospechoso.

Quizá las causas de la muerte del presidente Kennedy tengan ramales que se remontan al año 1953, cuando una raza de extraterrestres humanoides se comunicó con el gobierno de los Estados Unidos. Dichos humanoides dijeron ser nuestros ancestros y se comunicaron con el gobierno americano para avisarle que otra raza de extraterrestres se acercaba a la Tierra, y además explicaron que estaban molestos con ese gobierno por las detonaciones de las bombas nucleares, pero, por lo complicado del asunto, se comprometieron a intermediar con los extraterrestres que se acercaban a nuestro planeta. Los americanos quedaron impresionados con sus medios de comunicaciones y para facilitar las cosas les propusieron un intercambio de tecnología, pero los humanoides se negaron, argumentando que la humanidad carecía de madurez espiritual y de ética para manejar las tecnologías que ya poseía.

Sin embargo, dijeron que estaban dispuestos a iniciar la transferencia de tecnología útil, poniendo como condición la destrucción de las armas nucleares, y con el pretexto de que la humanidad estaba en el camino de la autodestrucción, exigieron que debíamos parar de matarnos los unos a los otros, de contaminar la tierra y dañar sus recursos naturales, y que debíamos aprender a vivir en armonía, pero esas peticiones fueron analizadas con extrema desconfianza, especialmente la exigencia del desarme nuclear. Se concluyó que aceptar esas condiciones, pondría a la humanidad en absoluta indefensión ante una eventual amenaza extraterrestre. El desarme nuclear fue considerado como contrario a los intereses de los Estados Unidos y la oferta fue rechazada.

Cuando las naves de los extraterrestres llegaron a la Tierra, se ubicaron en una órbita por encima de la línea ecuatorial. Con la ayuda de los humanoides, para comunicarse con los extraterrestres un grupo de expertos desarrolló los proyectos SIGMA y PLATO, y luego de numerosas discusiones y condiciones, con el compromiso de intercambiar tecnología con humanos y humanoides, a fines del año 1954 fue autorizado el aterrizaje de dichas naves. Dichos extraterrestres tenían la nariz gruesa y eran de color gris; explicaron que venían de un planeta que estaba próximo a extinguirse, ubicado en la constelación de Orión y perteneciente al sistema solar de una estrella que es conocida como Betelgeuse. El gobierno de Estados Unidos estableció relaciones diplomáticas con la nación de los extraterrestres, quienes asignaron a su embajador y se comprometieron a trasladar a un grupo de diplomáticos americanos a su nación. No se sabe a qué arreglo llegaron éstos con los humanoides.

Por alguna razón, en el año 1953 se estrellaron numerosas naves de extraterrestres y aunque casi todas cayeron en los océanos, se supo que en las que fueron rescatadas por los americanos, 26 tripulantes resultaron muertos y hubo 4 sobrevivientes. Por lo menos, cuatro de estos siniestros ocurrieron en Arizona, hubo dos en Texas, uno en Nuevo México, uno en Luisiana, uno en Montana y uno en África del Sur. Y en territorio colombiano por lo menos cayó una que no fue encontrada. En esa época yo vivía en Panamá y tenía la costumbre de acostarme boca arriba en un banquillo a mirar las estrellas. Yo estaba acostado en el banquillo mirando hacia arriba, como a las 8 de la noche, y a una velocidad asombrosa vi pasar una bola de luz blanca que iluminó toda la región. Poco después se supo que unos helicópteros militares estadounidenses de la Base Aérea de Panamá estaban buscando un platillo volador que se había estrellado en algún lugar de las selvas del Urabá colombiano. Pero a la velocidad que iba, si dicha nave cayó en alguno de los inaccesibles pantanos de esa región, lo más seguro es que se enterró a una gran profundidad y jamás será encontrada.

Los militares americanos, en otros siniestros de extraterrestres, de inmediato y minuciosamente rescataron los restos de los ocupantes y de las naves que fueron localizadas, y luego hicieron todo lo posible para despistar a los testigos de esos hechos, pero las cosas se les estaban saliendo de control porque, en esos días, alrededor del mundo hubo numerosos accidentes de ovnis. Los militares estadounidenses llegaban rapidísimo a los sitios de esos siniestros y sin consultar con nadie aislaban el área, retiraban a los curiosos y el cuento que más usaban era que se trataba de platillos voladores, rusos o americanos, y así despistaban a la gente.

Como suele suceder en todas las guerras, la Iglesia fue la única entidad que resultó beneficiada con las riquezas saqueadas durante la Segunda Guerra Mundial. A partir del año 1959, cuando empezó la Guerra Fría, la Santa Sede empezó a trasladar, de Suiza a Estados Unidos, una parte del oro que habían robado los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que lo habían depositado a nombre de la Iglesia en dicho país. Y en la misma época, luego de varias diligencias políticas, los humanoides accedieron a realizar enseñanzas de Alta Tecnología en cátedras universitarias en Estados Unidos, pero con la condición de que a estas cátedras asistieran jóvenes inteligentes de todo el mundo.

En esa época los militares jesuitas controlaban el gobierno estadounidense, y, tan pronto supieron ellos el mencionado asunto, movieron sus fichas claves para que la Iglesia tuviera la exclusividad, a nivel mundial, de hacer la selección de los genios aprendices. Y, para cumplir dicha exigencia, en varios países la Iglesia becó un numeroso grupo de estudiantes católicos inteligentes y adoctrinados en instituciones eclesiástica, quienes ingresaron en las mejores universidades de Estados Unidos y quienes, con la condición de colaborar con el adoctrinamiento religioso que los todopoderosos jesuitas le estaban aplicando a dicha nación, mediante un convenio secreto entre el gobierno y los jesuitas, al cabo de un año eran nacionalizados como ciudadanos estadounidenses.

Poco antes de esos hechos, la Iglesia se había tomado muy en serio ampliar su dominio en América y ese objetivo lo había iniciado con la toma de Estados Unidos, el poderoso país del norte que dominaba todo el continente, designándole dicha tarea al cardenal jesuita Francis Spellman, a quien le asignó recursos económicos de sobra y la ayuda militar y política de la Compañía de Jesús y quien, valiéndose de toda clase de jugadas sucias, en poco tiempo logró dominar el gobierno y la política de Estados Unidos.

Al enterarse del contacto con los humanoides, lo primero que hizo el presidente Eisenhower fue enviar una embajada a informarle al papa Pío XII acerca de la inminente llegada de millares de naves extraterrestres, y, al saber el pontífice los detalles de esa noticia, casi le da un infarto. Duró un buen rato sin hablar, ensimismado, y cuando los médicos lograron estabilizarlo, les explicó a los embajadores que el problema que se le acercaba a la Iglesia podría ser mucho peor que el que le habían provocado Bruno Giordano y Galileo, cuando habían asegurado que la Tierra giraba alrededor del sol y que el Cielo que predicaba la Iglesia no existía (tesis de entonces que desvirtuó y condenó la Iglesia en aquella época y que le aumentaron su desprestigio por ser ciertas), y añadió que la fe cristiana colapsaría si la gente se enteraba que la humanidad no había surgido como predicaban las Escrituras Sagradas sino de humanoides extraterrestres.

La Santa Sede nunca ha ligado bien con el comunismo, pero la única forma de mantener en secreto la existencia de los humanoides era poniendo al tanto de ese asunto al complicado secretariado del partido comunista de la Unión Soviética. No se sabe qué exigieron los soviéticos a cambio de colaborar con ese gran secreto, pero muchos han creído que la Guerra Fría fue un sofisma que hacía parte del encubrimiento de ese asunto. Para que se encargara de ese arreglo, en absoluto secreto el gobierno americano organizó la Fundación Majestic 12, que es más conocida como MJ-12, compuesta por científicos y militares de alto rango adoctrinados por los jesuitas, quienes no se metían en asuntos políticos pero en sus labores secretas estaban por encima del presidente; ni los congresistas ni la prensa tenían conocimiento ni acceso a las enormes y numerosas instalaciones que para el manejo del asunto extraterrestre construyó la MJ-12 en alianza con la CIA.

Kennedy fue elegido con el respaldo de la Iglesia y es considerado como el último mandatario estadounidense católico, apostólico y romano. Este mandracu, ante el pueblo americano aparentaba ser un modelo de hombre cristiano: Todos los domingos asistía a misa con su esposa e hijos. Sin embargo, igual que la monarquía cristiana, el tipo era un político ambicioso que para nada creía en la farsa del Cristo romano, sino que, igual que el papa y la monarquía eclesiástica, aparentaba ser un fiel creyente y usaba la fe religiosa en su provecho personal. Aunque su esposa era una mujer joven y hermosa, Kennedy era sumamente infiel con ella porque a él no le alcanzaba el amor de una sola mujer, y, además de las numerosas hembras que ‘coronaba’ de rapidez, tenía un gran ramillete de hermosas amantes fijas, entre las que sobresalían las muy bellas o ‘especiales’ Marilyn Monroe, Jayne Mansfield, Zsa Gabor, Angie Dickinson, Marion Fahnestock, Ellen Rometsch, Lady Jean Campbell, Kay Hannon, y aunque el cardenal Spellman hacía todo lo posible para evitar que se supieran sus orgías de homosexualismo, a este jodido y puya loca presidente le importaba un bledo lo que dijeran la Iglesia y la gente acerca de sus envidiables amoríos.

Al comienzo de los años 60, la Iglesia, por intermedio de La Compañía de Jesús, controlaba el manejo político de Estados Unidos, y el Vaticano estaba obteniendo muy buenos dividendos políticos con la guerra de Vietnam, conflicto en el que varias organizaciones eclesiásticas hacían de samaritanas con la intención de convertir el territorio asiático en una región cristiana. Y, con el oro robado que había trasladado de Suiza, la Santa Sede estaba recibiendo enormes dividendos por respaldar con dicho metal precioso las emisiones de dinero de las Reservas Federales de Estados Unidos, o sea que los americanos no solo le cuidaban a la Iglesia el oro saqueado durante la Segunda Guerra Mundial, sino que además le pagaban jugosos dividendos por respaldar con dicho botín las emisiones de los mundialmente anhelados billetes verdes.

Casi desde que asumió la presidencia, Kennedy se convirtió en un dolor de cabeza para el Vaticano; los jesuitas trataron de desprestigiarlo haciendo públicos sus numerosos amoríos, pero lo que consiguieron fue convertirlo en el hombre más envidiado del mundo. El mandracu presidente no le paró bolas a ese asunto, pero se puso furioso con los jesuitas cuando supo que le estaban ocultando las relaciones del gobierno americano con los extraterrestres y sin rodeos empezó a darle a la Iglesia en las partes que más le duelen: Presentó al congreso una ley para acabar con el respaldo en oro del dinero estadounidense, y que en vez de usar el metal precioso de la Iglesia, los billetes fueran respaldados con bonos del tesoro público nacional; y comisionó a los doctores McNamara y Taylor para que hicieran un análisis riguroso que permitiera saber si a Estados Unidos le convenía continuar con la guerra de Vietnam, conflicto este que era sumamente beneficioso para la Santa Sede y razón por la que no le convenía que se terminara, cosa que ocurriría si se hacía realidad el retiro militar americano que estaba gestionando Kennedy.

 Para el Vaticano, acabar con el uso del oro eclesiástico como respaldo de las emisiones de dinero americano era igual a perder los jugosos dividendos que recibía a cambio de nada, y, si eso ocurría, lo más seguro era que tendría que pagar por la seguridad de su enorme tesoro. Y el cardenal Francis Spellman no se había repuesto de esa mala noticia cuando supo que McNamara había presentado un informe, cuya conclusión era que lo mejor para Estados Unidos era marginarse de la guerra de Vietnam; y, como si todo eso no bastara, también supo que el presidente tenía la intención de hacer público el tema ancestral de la humanidad con los extraterrestres humanoides, publicación que convertiría en pato muerto la para él lucrativa farsa eclesiástica, igual que el poder religioso del Vaticano.

Según decían fuentes cercanas al presidente Kennedy, la intensión del mandatario era publicar el candente tema de que en Estados Unidos vivían varías comunidades de extraterrestres humanoides, que eran protegidos de este país por ser los ancestros de la humanidad, y además formalizar públicamente las relaciones diplomáticas con la nación de los extraterrestres del planeta del sistema solar de la estrella roja, cuyo canciller, supo él, era un mandracu extraterrestre, de nariz chata y de color gris que era conocido como el Excelentísimo Míster Plenipotenciario Krll, y su cancillería estaba en un lugar secreto que el presidente no conocía. Y, como quiera que el presidente Kennedy no era un pintado en la pared, el mandatario dizque, por el lío del ocultamiento de los extraterrestres, había decidido acabar con la MJ-12 y además desvertebrar la CIA, o sea que estas dos entidades también pudieron salir favorecidas con la muerte del Jefe de Estado americano.

Muchos de los testigos que participaron en el proceso del magnicidio de Kennedy, años después han declarado que fueron amenazados, intimidados o manipulados para que cambiaran sus versiones de los hechos cuando fueron interrogados. El estallido de varios tiros provenientes de distintos puntos fue uno de los detalles que no querían los investigadores que declarara ningún testigo, inclusive, a Ed Hoffman se le amenazó de muerte si llegaba a informar algo sobre los eventos que declaró haber visto y oído ese día, y luego tuvo que cambiar su versión acerca de los hechos ocurridos en el momento de la muerte del presidente, como fue el caso de no poder incluir el detalle de que el vicepresidente estaba refugiado en el momento que se oyeron los tiros, cuyos disparos escuchó venir de varias direcciones y versión esta que tuvo que cambiar.

La única verdad que se sabe del asesinato del presidente Kennedy es que a ciencia cierta no se ha podido saber quién lo mató ni quiénes fueron los autores intelectuales de este magnicidio que, claro está, de que los hubo los hubo. Lo que sí ha quedado prácticamente demostrado es que la labor de la Comisión Warren fue una farsa del alto gobierno americano para encubrir y proteger a los verdaderos culpables de ese magnicidio. Muchas de esas acusaciones, dando a conocer cada escritor los supuestos autores, han sido publicadas en un gran número de libros, cuyos autores de alguna manera estuvieron vinculados en el asunto o investigaron a fondo el asesinato, y luego de que yo haga una explicación de algunas de esas conclusiones, que cada colega mandracu forme su propio culpable o sospechoso.

El gran investigador y escritor Avro Manhattan, en uno de sus libros asegura que, poco antes de ser asesinado, el presidente Kennedy había recibido el informe de sus asesores de guerra, los doctores MacNamara y Taylor, un documento que aconsejaba finalizar la participación estadounidense en la guerra de Vietnam, el cual usó para soportar su decisión de retirar las tropas americanas de dicho conflicto. Y explica que a la Iglesia no le convenía esa decisión porque desde mucho antes estaba usando en su provecho esa guerra; según este autor, el Vaticano tenía varias misiones religiosas en las naciones involucradas en esa contienda, con las que intentaba convertir todo el continente asiático en una región cristiana y para eso necesitaba la continuación americana en esa guerra. La conclusión de Manhattan es que, por haber tomado la decisión de retirar las tropas americanas de Vietnam, la Iglesia organizó la conspiración gubernamental que asesinó a Kennedy, siendo el intermediario del Vaticano en esas acciones encubiertas el cardenal Francis Spellman, quien en esa época era el jefe de la facción militar jesuita que controlaba a los políticos estadounidenses.

Y el escritor Robert Morrow, en uno de sus libros cuenta que el 23 de noviembre de 1963, aún sin posesionarse, el presidente Lyndon Johnson emitió el Memorando de Seguridad Nacional número 278, un documento secreto y clasificado que tuvo como objetivo revertir en forma inmediata la determinación del presidente Kennedy, de retirar las tropas de Vietnam. El resultado de ese memorando fue que, poco después, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos hizo un enorme despliegue de tropas a la guerra de Vietnam, en donde murieron más de 50.000 militares americanos, hubo más de 17.000 desaparecidos y más de 100.000 resultaron heridos o hechos prisioneros, siendo la Santa Sede la única que resultó beneficiada con esa guerra. Para este autor, no había duda de que la Iglesia y el entonces vicepresidente Johnson estuvieron involucrados en la muerte de Kennedy.

En el libro titulado, Llamado a Servir, su autor, el controvertido ex coronel estadounidense, James Gritz, le añade a esa conspiración el hecho de que los jesuitas manejaban a su antojo las Reservas Federales de Estados Unidos, con cuyo dominio el Vaticano lavaba enormes sumas de dinero procedentes del narcotráfico en Asia, y la obra permite concluir que la Iglesia decidió asesinar a Kennedy porque le iba a causar muchos perjuicios económicos, debido a que estaba tratando de acabar con el monopolio que ejercía la mafia eclesiástica en el manejo de las Reservas Federales.

Otros autores le atribuyen a la mafia el asesinato de Kennedy, pero, si así hubiera sido, hay que tener en cuenta que el mayor cartel mafioso de todos los tiempos ha sido la Iglesia. Otras afirmaciones aseguraron que en el magnicidio presidencial hubo influencias satánicas, alegatos que surgieron por el hecho de que Marilyn Monroe, Jayne Mansfield y Zsa Zsa Gabor, a la vez que se acostaban con el presidente Kennedy, eran amantes de Anton Lavey, fundador y jefe de la Iglesia de Satán. Las leyes de Estados Unidos tienen fechas para desclasificar los documentos secretos, y quizá algún día hagan públicas las declaraciones hechas por los investigadores oficiales neutrales, y así se sepan algunas de las cosas que han sido ocultadas por los poderosos conspiradores del asesinato de Kennedy. Pero, por ahora, lo único que se puede asegurar es que el presidente Kennedy fue un pato muerto, asesinado por una muy bien organizada mafia estadounidense, que estaba y sigue enquistada en el alto poder político del gobierno de esa nación. Con esta gran historia de pato muerto doy por terminada mi actuación; gracias señoras y señores, por escucharme.